cabeceramatagorda

Introducción

La aparición de una revista de estudios locales es siempre una buena noticia y un motivo indudable de satisfacción. Numerosas ciudades cuentan con un medio de similar naturaleza para difundir su historia y su cultura. Este tipo de publicaciones representa una labor de gran trascendencia social, en la medida que una y otra, historia y cultura, contribuyen de una manera esencial a la reafirmación de las identidades locales y a la configuración del imaginario colectivo ciudadano.

Puerto Real, por su categoría urbana y por su importancia histórica, venía demandando un instrumento cultural de estas características. Diversos medios de difusión han venido supliendo esta carencia, pero una publicación especializada, al tiempo que divulgativa, se estaba haciendo sentir como necesaria.

Hoy ese objetivo se cumple finalmente. Gracias al eficaz impulso del Ayuntamiento de la ciudad y su Concejalía de Cultura, nuestros conciudadanos pueden congratularse de contar con una revista de estudios puertorrealeños que, con la ayuda de todos, aspira a consolidarse como un canal para la publicación de trabajos sobre la historia, el patrimonio, el urbanismo, el territorio, el arte y la cultura de nuestra ciudad.

La elección de su nombre creo que constituye un pleno acierto. Matagorda forma parte medular de nuestros orígenes y de nuestra identidad como pueblo.

Su recuerdo está prendido en la memoria de los puertorrealeños y forma parte inescindible de nuestro presente, junto a otros poderosos referentes identitarios como las Canteras o el Trocadero. Parteluz de la Bahía, el solo nombre de Matagorda evoca las culturas del trabajo que forman parte de nuestro más profundo ser.

No puedo decir sino que es para mí un motivo de intenso orgullo, como puertorrealeño y como historiador, haber sido nombrado por el Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real para dirigir esta revista, que hoy bautizamos, con agua salada de nuestro mar luminoso, en la inmensa pila bautismal de la Bahía.

Aprovecho la ocasión que me depara esta tribuna para expresar mis más rendidas gracias a la Corporación, con su Alcaldesa al frente, y al Concejal Delegado de Cultura, Manuel Jesús Izco Reina, promotor de la iniciativa. Gracias también a los miembros del Consejo Asesor y de Redacción por su desinteresada y eficaz labor.

Comenzamos nuestra andadura con un primer número lleno de sugerentes propuestas, que confiamos sean del agrado de nuestros lectores.

El rico patrimonio arqueológico de Puerto Real está presente a través de un interesante estudio de Agustín Vázquez Rodríguez sobre los hornos del yacimiento de El Almendral, vestigios de una antigua actividad industrial desarrollada en nuestro término.

Manuel Jesús Izco nos trae una minuciosa reconstrucción de la mortífera epidemia de peste sufrida por la población puertorrealeña a mediados el siglo XVII, que marcó un momento de aguda inflexión demográfica y constituyó la peor crisis de mortalidad vivida en nuestra Edad Moderna.

En los parámetros de la historia del arte, Francisco Espinosa de los Monteros aporta a este primer número de Matagorda un extenso catálogo y estudio de la escultura religiosa existente en los templos puertorrealeños, protagonizando un esfuerzo de catalogación y divulgación tan necesario como generoso.

Quien suscribe trae a estas páginas un estudio sobre el caño del Trocadero en su dimensión histórica como arsenal naval de la Carrera de Indias, adelanto de un trabajo de mayor envergadura que aspira a ver la luz en 2017, con ocasión del 300 Aniversario del traslado a Cádiz de la Casa de Contratación a Indias.

La historiadora Lourdes Márquez Carmona rescata dos interesantes documentos relacionados con el asedio de Cádiz por las tropas francesas, escritos por un comandante del Batallón de Ingenieros napoleónico en Matagorda, que arrojan nuevas luces y miradas sobre aquel crucial momento de nuestra historia.

De la experta mano de José Pizarro Fernández, profundo conocedor de la Segunda República y la Guerra Civil en nuestra ciudad, nos adentramos en una página desconocida de nuestro pasado reciente: la represión franquista de la
masonería en Puerto Real, una investigación novedosa y de valiosos resultados.

Finalmente, Rosa Sánchez de Medina Contreras y Marta Sánchez de Medina Pacheco dedican unas evocadoras páginas a la historia del Grupo Madrigal, escritas a partir del testimonio directo de la muy querida y recordada Paula Contreras, un auténtico referente de nuestro patrimonio cultural y literario.

Creo que el conjunto y las partes, salvando la modestia de la que es de la exclusiva responsabilidad de quien esto escribe, representan aportaciones de interés y de calidad, que auguran un buen futuro para la vida de nuestra revista.

Quisiera animar desde aquí a cuantos estudiosos de Puerto Real dedican sus esfuerzos a desvelar los elementos constitutivos de su pasado y su presente a que publiquen sus trabajos en esta revista. Aquí dispondrán de un medio digno para su difusión.

No quisiera terminar estas líneas de presentación sin traer al recuerdo a Don Antonio Muro Orejón. Maestro de historiadores locales y amante ferviente de la Real Villa, don Antonio contribuyó extraordinariamente al conocimiento de la historia de Puerto Real y estoy seguro de que hoy se sentiría también orgulloso del nacimiento de esta publicación.

Y, para terminar, permítanme poner como colofón estos versos de mi poemario puertorrealeño:

A la sombra del viejo ombú:
Matagorda, seno nutricio,
factoría de leyendas,
mito broncíneo y asidero…

Que su nombre permanezca por muchos años en el frontispicio de esta Revista, dando título a un proyecto colectivo duradero y apasionante. Larga vida le sea concedida.

Juan José Iglesias Rodríguez
Catedrático de Historia Moderna y director de Matagorda.

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